La trampa de una web bonita: por qué un diseño web estratégico convierte un sitio en un activo digital que genera confianza y ventas.

La trampa de una web que solo es “bonita”

Verse bien no siempre significa funcionar bien

En el mundo digital actual, muchas marcas creen que basta con una web “bonita” para competir. Sin embargo, la realidad es otra: verse bien no es lo mismo que funcionar bien. Aquí es donde entra en juego el diseño web estratégico, que convierte la estética en un verdadero activo digital.

Estudios demuestran que los usuarios forman una impresión visual de un sitio en apenas 50 milisegundos (Lindgaard et al., 2006), lo cual explica por qué tantas empresas se obsesionan con el diseño estético. Pero esa impresión inicial es superficial: puede abrir la puerta, aunque no garantiza que el usuario confíe, interactúe o finalmente compre.

La web se ha convertido en la primera vitrina de contacto entre marca y cliente. Allí se juega no solo la atención inicial, sino también la credibilidad, la confianza y la decisión de compra. Por eso, reducirla a un “buen diseño” es caer en un espejismo: lo que deslumbra en segundos puede desmoronarse en la experiencia de los siguientes minutos.

¿Por qué miles de webs fracasan aunque se vean perfectas?

Razones por las que una web bonita fracasa. Importancia del diseño web estratégico.

El atractivo visual es un atajo cognitivo poderoso. Investigaciones sobre credibilidad en línea muestran que los usuarios tienden a juzgar la confiabilidad de un sitio basándose en apariencia, colores y formato, sin verificar a fondo la calidad de la información (Sillence et al., 2007). Este sesgo explica por qué muchos directivos aceptan soluciones rápidas y plantillas preconfiguradas: se ven “profesionales” y parecen resolver la necesidad.

El problema surge cuando, detrás de esa fachada, no existe un sustento estratégico. Sin un diseño web estratégico, las páginas creadas únicamente desde la estética suelen presentar tres consecuencias claras:

  • Alto índice de rebote: los usuarios entran, no encuentran lo que buscan y abandonan.
  • Baja credibilidad: el diseño puede impresionar, pero la falta de contenido sólido genera desconfianza.
  • Pérdida de oportunidades: sin estructura clara ni llamados a la acción estratégicos, no se generan leads ni ventas.

Lo “rápido y fácil” termina siendo costoso. Cada clic perdido representa un cliente potencial menos, y cada error de navegación erosiona la percepción de la marca.

Lo que tu cliente no ve, pero sí percibe

Elementos clave de un diseño web estratégico.

Una página web que verdaderamente construye valor no empieza en el diseño, sino en el diagnóstico. Modelos consolidados en sistemas de información —como el de DeLone y McLean (2003)— demuestran que la calidad de un sistema depende de tres factores: calidad del sistema, calidad de la información y calidad del servicio. Solo cuando estas dimensiones se combinan se obtienen beneficios netos.

En una web esto se traduce en un proceso mucho más profundo que elegir una plantilla atractiva. Implica:

  • Diagnóstico de marca: comprender la esencia, el posicionamiento y la promesa de valor de la empresa. Una web debe ser coherente con la identidad corporativa y los objetivos de negocio.
  • Investigación de mercado: analizar al público objetivo, sus motivaciones y sus patrones de búsqueda digital. Esto permite anticipar necesidades y ofrecer recorridos relevantes.
  • Mensajes clave: definir los pilares comunicacionales de la web. Cada sección debe transmitir un mensaje alineado con lo que la marca quiere proyectar, no simplemente “llenar espacio”.
  • Arquitectura de contenidos: organizar la información para guiar al usuario de manera intuitiva. Según Pirolli y Card (1999), los usuarios siguen “rastros de información” que les permiten saber si van en el camino correcto; si no existen, la experiencia se fragmenta y se pierde.
  • Diseño orientado a objetivos: cada botón, imagen o bloque de texto debe tener un propósito claro, ya sea educar, inspirar o llevar a la acción.

En este punto es fundamental entender que el diseño no es un accesorio secundario. Solo un diseño web estratégico logra traducir la estrategia en una experiencia visual clara, atractiva y coherente. El diseño potencia la estrategia, y la estrategia da sentido al diseño: son dos caras inseparables de la misma moneda.

Un sitio estratégico es como un mapa cuidadosamente diseñado: no solo muestra un territorio, sino que orienta, conduce y persuade.

Un diseño web estratégico como embajador de marca

Más allá del contenido, la narrativa importa. Escalas (2004) demostró que el procesamiento narrativo genera conexiones más profundas con las marcas, incrementando actitudes positivas e intención de compra. Por ello, el storytelling y el tono de voz son tan importantes como la interfaz visual.

El diseño y la comunicación no pueden disociarse. Una web que transmite calidez en su redacción, pero usa un diseño frío y distante, genera disonancia. De igual modo, una web con imágenes modernas pero un lenguaje anticuado crea incoherencia. La confianza se construye cuando los elementos trabajan en conjunto: estética, narrativa y experiencia.

La experiencia de usuario (UX) es decisiva en este proceso. Estudios sobre credibilidad muestran que, después de la primera impresión estética, lo que realmente sostiene la confianza es la facilidad de uso, la claridad de los contenidos y la coherencia de los valores proyectados (Sillence et al., 2007). Por eso, un diseño web estratégico actúa como embajador de marca las 24 horas, transmitiendo profesionalismo y diferenciación incluso cuando la empresa no está atendiendo de manera activa.

Confianza en segundos: webs que construyen credibilidad vs. webs que la destruyen

El impacto de una web va más allá del diseño. Pensemos en sectores sensibles como el legal o el sanitario: un sitio con imágenes atractivas, pero sin información clara sobre credenciales, procedimientos o normativas, puede ahuyentar clientes en segundos. En cambio, un diseño sobrio acompañado de mensajes claros y pruebas de autoridad genera confianza inmediata.

Lo mismo ocurre en comercio electrónico. Investigaciones de Molla y Licker (2005) evidencian que la adopción de un sitio depende tanto de la calidad de la información como de la percepción de confianza. Una tienda online puede tener un catálogo impecable, pero si carece de políticas de devolución claras o sellos de seguridad visibles, el usuario difícilmente comprará.

Un ejemplo cotidiano ocurre con muchas pequeñas y medianas empresas: lanzan una web estéticamente cuidada, pero sin un diseño web estratégico ni una estrategia de visibilidad digital. La página puede ser atractiva, pero al no estar optimizada en SEO ni conectada con un plan de contenidos, termina siendo invisible para los buscadores. El resultado es una web que luce bien pero no genera tráfico, clientes ni ventas: una vitrina sin visitantes.

En contraste, marcas que alinean diseño, storytelling y UX a través de una web estratégica logran transmitir con precisión lo que representan: solidez en banca, innovación en tecnología, cercanía en consumo masivo. Es esa coherencia la que transforma la web en un activo tangible de marca.

Diferencia entre gasto e inversión con un diseño web estratégico

Aquí radica la diferencia crucial: una web estética sin estrategia es un gasto. Se percibe bien en el corto plazo, pero no genera retorno, y probablemente deba rehacerse en pocos años. En cambio, una web construida desde un diseño web estratégico —basada en diagnóstico, investigación, storytelling, UX y medición— funciona como un vendedor permanente, un canal de confianza y un motor de posicionamiento.

La literatura en sistemas de información es clara: cuando las inversiones digitales se integran en la estrategia de negocio, generan valor y ventajas competitivas sostenibles (DeLone & McLean, 2003; Molla & Licker, 2005). El retorno no está en “ahorrar” en diseño, sino en construir un activo que produzca leads, ventas y reputación a largo plazo.

Podría decirse que el verdadero costo de una web no está en lo que se paga por construirla, sino en lo que se deja de ganar cuando no cumple su propósito estratégico. Solo un enfoque de web estratégica asegura que la inversión inicial se convierta en resultados medibles y sostenibles.

Conclusión: la estética abre puertas, pero es el diseño web estratégico el que construye negocios

La estética es importante: abre puertas, capta miradas y da la bienvenida. Pero sin estrategia, esa puerta no conduce a ningún lugar. Una web que se limita a cumplir lo estético termina fallando en lo esencial: convertir, persuadir y construir marca.

La decisión no es entre gastar poco o mucho. La decisión real es si quieres ser uno más en internet o construir un activo digital que impulse tu negocio todos los días. En ese punto está la diferencia entre un gasto efímero y una inversión estratégica.

Porque, al final, una página web no es solo un escaparate digital: es el primer embajador de tu marca, el punto de contacto más visible con clientes potenciales y una herramienta de negocio que puede marcar la diferencia entre crecer o estancarse. Apostar únicamente por lo estético es como abrir una tienda con una fachada llamativa, pero sin un interior preparado para recibir y atender clientes. La experiencia se rompe, y la inversión pierde sentido.

Al final, apostar por un diseño web estratégico significa transformar un simple sitio en un activo capaz de generar confianza, ventas y reputación a largo plazo. No se trata solo de cómo luce tu página, sino de cómo guía, persuade y convierte. Una web bien diseñada con visión estratégica deja de ser un gasto y se convierte en una inversión que impulsa el crecimiento sostenible de tu negocio.

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Referencias

  • DeLone, W.H., & McLean, E.R. (2003). The DeLone and McLean Model of Information Systems Success: A Ten-Year Update. MIS Quarterly, 29(4), 9–30. 
  • Escalas, J.E. (2004). Narrative Processing: Building Consumer Connections to Brands. Journal of Consumer Psychology, 14(1–2), 168–180. 
  • Lindgaard, G., Fernandes, G., Dudek, C., & Brown, J. (2006). Attention web designers: You have 50 milliseconds to make a good first impression! Behaviour & Information Technology, 25(2), 115–126.
  • Molla, A., & Licker, P. (2005). E-commerce systems success: An attempt to extend and respecify the DeLone and McLean model of IS success. Information & Management, 42(4), 705–716. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S016792360500165X
  • Pirolli, P., & Card, S. (1999). Information foraging. Psychological Review, 106(4), 643–675.
  • Sillence, E., Briggs, P., Fishwick, L., & Harris, P. (2007). How do patients evaluate and make use of online health information? Journal of Medical Internet Research, 9(2), e9.

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Los sesgos en la elección de las marcas y la economía conductual

Teoría de la elección racional y marketing

La economía conductual parte de un cuestionamiento a la teoría de la elección racional. En un mundo ideal, nuestras decisiones de consumo serían el resultado de una cuidadosa medición de los costos y beneficios de la compra, habida cuenta de la ponderación de nuestras preferencias, las cuales, serían siempre estables y transitivas, siendo que la transitividad establece que dados tres productos A, B y C, si se prefiere A en lugar de B y se prefiere a B en vez de C, luego, se preferirá también A en lugar de C. Esta es, en resumen, la teoría de la elección racional imperante en la economía. Esta teoría viene asociada a la idea del hombre económico (homo economicus), una estilización ideal del comportamiento humano capaz de modelarse matemáticamente. Según esta concepción del ser humano, este siempre efectúa elecciones racionales en tanto que busca maximizar el bienestar individual, contando con preferencias definidas y estables a lo largo del tiempo.

La teoría de la elección racional, se colaría al resto de ciencias sociales de manera definitiva como teoría dominante con la aparición de las publicaciones del premio nobel de economía, Gary Becker, quien aplicó la teoría de la elección racional para explicar la conducta de los criminales. Sus publicaciones, La aproximación económica al comportamiento humano y Crimen y castigo: una aproximación económica, fueron los textos principales que le permitieron a la teoría de la elección racional rebasar las fronteras de las ciencias sociales de la mano de Gary Becker. Bajo este orden de ideas, la teoría de la elección racional, fue también la dominante dentro del marketing tradicional, el cual, siempre ha tomado lo propio de la teoría y métodos de las ciencias sociales para aplicarlo en el campo de las ventas y la comercialización.

No obstante, estas teorías empezaban a ponerse en entredicho desde otra disciplina, la Psicología Conductual. La psicología conductual, -bajo el paradigma metodológico de la investigación empírica-, avanzaba a pasos agigantados en el campo económico, en lo que más tarde se popularizaría como la economía conductual o behavioral economics.

¿Qué es la economía conductual (behavioral economics)?

La economía conductual es a la vez un cuestionamiento y refutación a la teoría de la elección racional. Quizás, el primer cuestionamiento a la teoría de la elección racional es el de Herbert Simon, economista y politólogo que elaboró una teoría del comportamiento organizacional. Según este autor, una teoría de las organizaciones debía basarse tanto en la economía como en la psicología.

Según la teoría de Simon, los seres humanos no actuamos de manera racional, pero si de manera coordinada y predecible. Bajo este orden de ideas, contamos con información incompleta a la hora de tomar decisiones y tenemos imitaciones cognitivas para procesar la información de la que disponemos. Por consiguiente, debemos orientarnos con normas, reglas que H. Simon definiría como instituciones, bajo la tradición teórica del institucionalismo norteamericano.

De este modo, H. Simon propone la idea de una racionalidad limitada. Esto es, tenemos la capacidad para ser racionales, no obstante, nuestra racionalidad está condicionada y somos falibles en nuestro ejercicio de la razón. Lejos del institucionalismo, la economía conductual es una redefinición de la racionalidad en las decisiones humanas desde la psicología experimental. La premisa principal, que viene a refutar la teoría de la elección racional dominante, es -tal como lo planteaba Simon décadas antes-, que los seres humanos somos irracionales; decidimos con sesgos y prejuicios y a menudo de manera emocional y errada.

No obstante, nuestra irracionalidad puede ser predicha y estudiada. Dicho de otro modo, seguimos cierto patrón de irracionalidad más o menos predecible. A estos efectos, los teóricos de la economía conductual se dedicarían a la tarea de definir una nueva racionalidad más acorde con las observaciones de la conducta del ser humano.

Dicho de otro modo, seguimos cierto patrón de irracionalidad más o menos predecible.

Orígenes y fundadores de la economía conductual

La teoría fue elaborada por Amos Tversky y Daniel Kahneman, quienes fueron Laureados con el premio nobel de economía en 2002 por sus aportes desde la psicología. Y es que la economía conductual es principalmente un enfoque transdisciplinario. El campo, seguiría dando sus frutos, pues en 2002, Richard Thaler, quien trabajaba de la mano con Kahneman durante años, gana el premio nobel de economía por sus aportes en economía conductual. La psicología experimental, aplicada a las ciencias económicas, había ganado ya gran popularidad.

La economía conductual en el marketing

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La economía conductual le ha aportado mucho al marketing. Hoy en día, tenemos una comprensión más rica de cómo las personas se comportan y son influenciadas. Hemos desarrollado una amplia y profunda caja de herramientas que, como marketers, podemos usar como insights para construir marcas más sólidas y crear campañas más efectivas.

La economía conductual, sin duda, nos ha llevado a repensar la aproximación tradicional al marketing: los consumidores tienen una racionalidad limitada, siendo intuitivos e impulsivos principalmente. No obstante, su comportamiento puede ser sistematizado, siendo predeciblemente irracionales.

Los sesgos y la decisión de compra

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Los sesgos son la variable fundamental en la economía conductual. Los sesgos cognitivos son patrones de comportamiento más o menos estandarizados, que orientan nuestras decisiones hacia decisiones que no son racionales. Los sesgos existen porque ayudan a nuestro cerebro a procesar información de manera rápida. Según Daniel Kahneman, existe una forma de pensar lenta y rápida. La lenta involucra la reflexión, consultar las decisiones con la almohada, por decirlo de alguna manera. En tanto que la forma de decisión rápida, atañe a los sesgos que usamos como atajos para tomar decisiones rápidas. A lo largo del día tomamos un sinfín de decisiones automáticas, o guiadas por estos sesgos, pues, al fin y al cabo, no podemos cavilar demasiado cada decisión sin distinguir su grado de relevancia.

La forma de decisión rápida, atañe a los sesgos que usamos como atajos para tomar decisiones rápidas.

Ahora bien, a la hora de elegir una marca en el proceso de compra, también nos guiamos por este patrón de comportamiento, siendo que involucra una forma de pensar rápida y cargada de sesgos

A este respecto, la heurística, según la economía conductual, corresponde a los atajos mentales que usamos para resolver problemas de manera automática, casi intuitiva. Este proceso, comporta un costo, pues, nos permite solucionar problemas de una manera rápida pero no siempre fiable. A veces, tal como apunta Kahneman, es necesario pensar lento, consultarlo con la almohada. En la compra, también utilizamos la heurística como si se tratase de la resolución de cualquier problema de elección.

Estos son los sesgos que normalmente nos afectan a la hora de elegir una marca:

1) Sesgo de la autoridad

Atribuimos mayor credibilidad, a figuras de autoridad. Muchas veces ni siquiera cuestionamos lo que se dice. Dentro de estas figuras de autoridad destacan expertos, personajes famosos y hasta organismos internacionales. Esta técnica es muy usada en el marketing de productos farmacológicos y médicos, en donde se apela a la autoridad del especialista médico en la propaganda.

2) Efecto framing (encuadre)

En este sesgo la decisión del consumidor dependerá del marco en el que se presente la decisión. Este sesgo no solo favorece a aquellos productos con un mejor packaging, sino que también a aquellos mensajes publicitarios presentados de una manera más atractiva, tanto desde el punto de vista de impacto visual como de estructuración del mensaje, ambos importantes para generar el encuadre correcto. Por ejemplo, supongamos que se está promocionando un software para bloquear spam, es mejor decir: 96% libre de spam a decir, solo un 4% de spam. Se trata, pues, de vender el vaso medio lleno.

3) Sesgo del presente

Este sesgo consiste en preferir una gratificación presente a una futura. Dicho de otro modo, las recompensas futuras tienen para nosotros menos valor que las inmediatas. La clásica estrategia de pago de “compra ahora y paga más tarde”, se basa en este sesgo.

4) Sesgo de anclaje

Este sesgo se basa en tomar como referencia la primera información que tenemos a la mano y que acude a nuestra memoria, aunque no tenga mucha lógica; una vez recibimos la primera información fácil de recordar, se crea un ancla. En el mundo del marketing ha sido muy utilizado este principio, se puede advertir cuando se promociona una cifra de referencia más alta, y luego el descuento al lado.

5) Efecto bandwagon

Cuando tomamos decisiones, solemos fiarnos de las decisiones que otras personas han tomado previamente. Seguimos el ejemplo de otros y a veces hasta ignoramos nuestras propias opiniones. Es por esta razón que las recomendaciones son tan importantes. Es muy común que los consumidores le crean más a otros consumidores que a las empresas.

6) Sesgo de conformidad social

A menudo seguimos los pensamientos de la manada. Somos seres gregarios y amoldamos nuestro pensamiento al grupo de manera automática. Esto se complementa con la incorporación de normas y tradiciones culturales. Buscamos encajar en la opinión de la mayoría. Por consiguiente, las tendencias y modas suelen ocupar un lugar importante en la decisión de compra.

7) Sesgo endogrupal

Favorecer, beneficiar y valorar mejor a los miembros del grupo al que pertenecemos es algo muy frecuente. Este sesgo está fuertemente anclado en la psicología social y la sociología. Usado en el marketing, va de generar bienes y servicios que refuercen la identidad del grupo.

La pertenencia a un grupo, es una necesidad humana que atañe a la percepción de nuestra identidad social y la construcción de nuestra autoestima. Conseguir que un usuario o comprador sienta que forma parte de una comunidad, es un gran logro para las marcas. Las marcas venden elementos identitarios y de pertenencia y filiación a grupos, cada bien de consumo, además de la utilidad práctica que pueda tener, también comunica la pertenencia a un grupo e incluso el estatus. Un ejemplo de esto, son las remeras de los equipos de fútbol, o la indumentaria de subculturas como los góticos, metaleros o punks.

8) Síndrome del avestruz

Bajo elevados niveles de incertidumbre, solemos evitar de manera inconsciente aquellos datos que nos anuncian peligro o riesgo. Dicho de otra forma, nos volvemos irresponsablemente optimistas. Evitamos señales confirmatorias de cualquier problema que sabemos que existe. Esto se expresa en el consumo y el ahorro. Así, por ejemplo, se sabe que las personas con problemas financieros suelen consumir sin revisar demasiados sus cuentas aun sabiendo que tienen problemas financieros. Se trata, pues, de la preferencia por ignorar problemas en lugar de afrontarlos. Este sesgo es un telón de fondo en muchas de las compras compulsivas.

9) Efecto de mera exposición

Muchas veces, preferimos algo solo por recordarlo. Las personas tienden a preferir a otras personas o cosas que les son familiares. Este sesgo está muy presente en las campañas de alcance de publicidad de pago digital, que busca una máxima exposición del producto para su posicionamiento. La familiaridad genera confianza, es el motivo por el cual las marcas asignan presupuestos elevados a la exposición y posicionamiento de las marcas.

10) Sesgo de la confirmación

Involucra la tendencia a solo ver aquella información que confirma nuestras creencias y prejuicios, eludiendo las evidencias o la información contraria a lo que damos por cierto. Esto se puede ver mucho con las fake news, siendo que estamos más predispuestos a creer aquellas fake news que ratifican nuestras creencias e ideologías, mientras que calificamos de falsas a las noticias que van en contra de nuestras creencias. Al final del día, al buscar información de un noticiero y no de otro, estamos consumiendo información y, por tanto, preferimos ver los noticieros que ratifican nuestras creencias políticas. En marketing, este sesgo va de segmentar muy bien el mercado, determinando valores y creencias del público objetivo. Se trata de explotar las creencias y que acompasen la oferta de valor.

11) Sesgo de aversión a la pérdida

Este sesgo tiene que ver con nuestra predisposición a evitar riesgos. El dolor de la pérdida es mucho más grande que el placer que nos produce ganar algo de igual valor, por tanto, somos fundamentalmente adversos al riesgo. Es un sesgo muy aplicado en las ventas. Este sesgo está detrás de la sensación de escasez en las promociones por tiempo limitado, o de mercancía que se agota, los copywrites que indican urgencia, utilizan este sesgo como principio. Se trata, pues, de incentivar el miedo a la pérdida para vender.

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Marketing verde

Marketing Verde y su aporte para las marcas

Ante un una sociedad cada vez más interesada en la protección del medio ambiente y la ecología, las marcas, entendiendo que el mundo se vuelve más hacia lo “verde”, se han unido en este terreno buscando ofrecer nuevos productos basados en la preocupación ambiental.

Bajo esta premisa, nace el concepto de Marketing Verde. Definirlo no es una tarea sencilla, sin embargo, la American Marketing Association lo define de manera simple como “el marketing de productos que son seguros para el medio ambiente”, siendo parte de la difícil conceptualización del mismo la cantidad de variables sobre el que se basa, teniendo en cuenta que trabaja en cierta parte con las modificaciones al producto, el proceso productivo, además de cambios en la comunicación y el packaging del mismo.

El marketing ecológico, como también se lo conoce, ha hecho que las empresas busquen nuevas estrategias para lanzar al mercado productos basándose en lo verde.

Estrategias fundamentales para el desarrollo de marketing verde

1.- La honestidad es un paso primordial, ya que se debe reflejar que sí se cumple lo que se promociona en la campaña. Ser cuidadoso de cumplir en nuestra empresa lo que se está ofreciendo.

Además, generar la confianza y el respeto de los clientes siendo consistentes sobre las políticas de la campaña de marketing, no se deben contradecir con las demás políticas de la empresa.

2.-  Para tener un público objetivo que sepa y se maneje sobre las campañas de marketing verde, la marca debe saber involucrarse con los clientes para que estos entiendan y aprendan lo que se pregona, sabiéndoles explicar las motivos para cuidar al medio ambiente y por qué se hace.

3.- Por último, debemos hacer que el usuario se involucre en esta onda ecológica haciéndoles entender sobre la importancia del producto que compran, ya que esto hará que el cliente se sienta importante sobre el papel que juega en la compra del producto  y su aporte hacia el cuidado de la naturaleza.

Marketing verde en las grandes marcas

Muchas marcas importantes utilizan el marketing verde, Toyota lanzó en el 2000 el Prius que se convirtió en el auto híbrido más vendido en todo Estados Unidos atrayendo a clientes preocupados por el medio ambiente, además de haber invertido 50 millones de dólares para el 2005 en una campaña de marketing ecológico sobre el vehículo que superó al resto de marcas de autos.

Asimismo, otra compañía importante que se encuentra en el mundo del marketing verde, es la reconocida Hewlett-Packard, o HP, quienes se enorgullecen de su programa de reciclaje, que según cuentas de la misma empresa, ha reciclado más de mil millones de libras de desechos desde 1987.

HP buscó ligarse al ámbito ecológico con su “Motherboard ad”, en donde mostraban las prioridades de la empresa sobre la sustentabilidad y eficiencia energética. Este modelo de publicidad ecológica, responde al pensamiento de la compañía sobre crear consciencia en los clientes sobre la responsabilidad social y cuidado ambiental, buscando que los usuarios prefieran comprar productos de una marca que comparta sus intereses y se preocupe por el medio ambiente.

La aplicación del marketing verde para las estrategias publicitarias, presenta muchos beneficios para las marcas, además de formar parte de la lucha por el cuidado ambiental.

Además de beneficiar la imagen que se tendrá sobre los usuarios, también permite ahorrar costos, gracias a que lleva a las empresas a optimizar el consumo de recursos, lo que se traduce en un aumento en la eficacia y la productividad, además optimiza los procesos sobre la utilización de materias primas renovables.

Ante una valoración positiva de los clientes, la marca será mejor valorada y reforzada, aumentará también la confianza de los inversionistas y accionistas, logrando una mayor ventaja financiera, lo que a su vez  también mejorará las relaciones con las entidades gubernamentales teniendo facilidades para llevar hacia delante las acciones ambientales.

Por último, hará que las empresas generen un mayor control sobre la generación de agentes contaminantes, disminuyendo el impacto negativo en la naturaleza e incrementando la lealtad y el compromiso de participación de los colaboradores para el crecimiento de la marca.

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